El siguiente es un extracto de un ensayo escrito para la asignatura del Camino de Santiago, títulado "Los dos Santiagos":  

La parroquia madrileña de Santiago tiene dos obras distintas del mismo apóstol. Son tan contrarias que el observador duda que las dos representen a la misma persona. Es difícil racionalizar la coexistencia del santo guerrero "Matamoros" al lado del dócil santo "Peregrino". Desde un punto de vista católico, hay que preguntarse si la representación bélica de Santiago tiene un lugar en el culto de la Iglesia. 

La imagen de Santiago "Matamoros" me inquieta por dos razones. Primero, la obra me hace incómodo por ser políticamente incorrecto al extremo. En el sentido literal, la naturaleza ofensiva de la obra es clara: los musulmanes están siendo derrotados por un santo mandado por Dios, quien favorece a los cristianos y desprecia a los ismaelitas. Es más, el caballo de Santiago pisa a los musulmanes en el suelo, una imagen que es bastante degradante. Aun si uno interpreta la pintura como una metáfora del triunfo del bueno sobre lo malo todavía implica que los musulmanes son malos por definición.

Segundo, la imagen de un santo guerrero es absurda y va en contra de los fundamentos de la fe cristiana, la misma fe que aboga para el amor y la paz, incluso el amor hacia los enemigos. Es difícil predicar el amor al prójimo cuando la obra maestra de la iglesia representa a un santo matando a sus prójimos. Obviamente la leyenda de Santiago "Matamoros" surgió en un determinado momento y ambiente histórico-político y tal vez el lienzo represente las opiniones y actitudes prevalentes de la época. Sin embargo, el sitio adecuado por dicha obra es un museo, no una iglesia.

Al contrario de la imagen bélica de Santiago, la figura de Santiago "Peregrino" refleja al cristiano ideal. La figura está vestida humildemente, con los ojos mirando al cielo, al contrario de las armaduras lujosas del apóstol "Matamoros" que tiene los ojos inclinados hacia sus víctimas en el suelo. El apóstol parece estar absorto en la oración, otro elemento fundamental de la vida cristiana. La representación de Santiago como peregrino resalta la idea cristiana de que esta vida es una peregrinación llena de sufrimiento, igual a la experiencia del peregrino en el Camino de Santiago, que acabará un día en el destino final de la muerte y, por consiguiente, el más allá.

En conclusión, es una pena que la representación de Santiago "Matamoros" ha llegado a ser una imagen tan definitiva del apóstol. Por un lado, es fácil crear la leyenda acerca de Santiago y la batalla del Clavijo. Por otro lado, es difícil deshacer esa leyenda, aunque contradiga el concepto del amor cristiano. Por siglos se ha predicado esta leyenda hasta tal punto que tiene arraigo en la cultura española, a pesar de las evidentes contradicciones entre la leyenda y la moralidad católica. Asimismo es difícil enfocar la atención exclusivamente en los elementos simbólicos del arte y olvidar completamente del nivel literal de la obra, es decir, Santiago matando a musulmanes. No sólo es la imagen de Santiago apóstol más confortante y ternura, sino que también mejor simboliza el ideal cristiano. Ojalá que esta imagen hubiera sido la que ha definido el catolicismo español desde hace siglos.