Hace mucho que no escribo sobre mis experiencias en relación con el Camino de Santiago. No es porque nunca haya pasado, sino que he estado un muy ocupado y un poco vago. Pero de todos modos, he tenido suficiente tiempo para reflejar sobre mis experiencias.

El martes antes de salir para Santo Domingo de la calzada para el viaje con la clase al Camino de Santiago, fui con mi amigo y compañero de clase, Kip, para conseguir la Credencial de Peregrino. Para todos que no saben, la credencial es una especie de pasaporte que lleva un peregrino consigo durante la pereginación. En cada pueblo que para el peregrino, recibe un sello en la credencial para vreificar que sí, de verdad ha hecho la peregrinación. Muchos albergues requieren que el peregrino presente la credencial para alojarse allí por la noche. Cuando un peregrino llegue a Santiago, puede presentar la credencial y recibir la Compostelana, un certificado que dice que has terminado la peregrinación a Santiago de Compostela y por eso, eres un peregrino oficial.

El tiempo era muy justo para la preparación para el Camino: cielos nublados, lluvia y frío. Tiempo a la gallega.

Cuando estábamos en el despacho del cura que nos estaba ayudando sacar la credencial, esperaba que iba a preguntarnos en algún momento el porqué íbamos a hacer la peregrinación. Todo el mundo dice que te preguntan el porqué vas a hacer el Camino, y esperaba lo mismo. En cambio, el cura nos dijo: "Esto es una peregrinación." Y tiene razón. El Camino existe gracias a la religión. Sin este fundamento, el Camino no existiría.  Sí, hay muchas razones por qué la gente hace el Camino. Pero tampoco podemos olvidar su origen.

Durante mi viaje a Santiago, pregunté a un amigo no muy religioso si él haría, por ejemplo, la peregrinación a Mecca. Y respondió que no. Y me pregunto: ¿por qué? Me parece que el hecho de que el Camino de Santiago sea propio del occidente nos hace olvidar su significago religioso, su poder transcendental. Creo que a menudo no vemos la grandeza de las situaciones familiares y conocidas porque son tan "normales". Es una pena; frecuentemente las experiencias que tienen más que ofrecernos pasan en las situaciones de cada día. Es fácil ver estos momentos 'guau' en lo que es extranjero, lo que es fantástico simplemente porque estamos más dispuestos reflexionar sobre esas experiencias. Pero que no nos desaprovechemos de experimentar lo grande en los momentos pequeños de la vida.