Me levanté pensando que era las 7 de la mañana pero olvidé que la noche anterior se habían cambiado la hora, con lo cual, era las 8. uufff. Y no fui el único: todo el mundo olvidé del cambio. Pero a lo mejor, necesité la hora extra para dormir.
Después de desayunar, salí con rumbo a Astorga. Hacía bastante frío, pero el sol brillaba y cuando el día avanzba, hacía más calor. Andaba por un rato en la carretera en la dirección de unas montañas muy alejadas. Formaban un fondo majéstico del paísaje.
Andaba con Rebecca, una de las alemanas, por un rato. Ella empezó en St. Jean Pie-de-Port, Francia el día 8 de marzo con su hermana. Desafortunadamente, su hermana tuvo que abandonar el Camino por problemas con las rodillas. Me contó que decidió hacer el Camino porque había muchos cambios en su vida y necesitaba un descanso, una oportunidad de aclararse la mente. Comentó que muchas veces en el Camino, ella iba andando sin pensar en nada. A veces los únicos pensamientos son: "Mira, un árbol. Un pájaro." Sólo lo básico y sólo el presente.
Los peregrinos que conocí la noche anterior me habían dicho que había una Misa del Peregrino en Hospital de Órbigo, unos 15 km fuera de Villar de Mazarife y salí con la intención de llegar. Fue un complicado puesto que me desperté una hora más tarde que quería y llegué un poco tarde a la Misa. Si fuera una Misa de peregrino, no se notaba; yo era el único peregrino allí. Sentí un poco incómodo --obviamente, no era de allí-- y me sentí mal por haber entrado depués de empezar la Misa. Era una iglesia tan pequeña que me sentí que mi entrada creó una distracción.
Después de la Misa algunos habitantes de la villa me deseaban un "buen camino." El cura salió y empezamos a hablar un poco. Le pedí disculpas por haber entrado tarde y él me dijo que no pasa nada. Se alegra de que yo hubiera decidido parar por un momento en el Camino y descansar un rato con el Señor durante la Misa. me preguntó de dónde era yo, charlamos un poco, me dirigió como llegar al Camino y seguí hacia Astorga.
Saliendo de Hospital de Óribgo el Camino va en dos direcciones: la primera sigue la carretera, la segunda pasa por las montañas. Escogí la segunda. No era una subida muy fuerte y valía la pena porque el paisaje era hermoso.
La entrada a Astorga no tenía fin. Vi la ciudad desde lejos, pero me parecía que andaba por una hora y no me acercaba nada. Fuera de la ciudad, entré en una iglesia pensando que había una Misa. No sólo era el único joven, pero el único hombre, también. Este hecho me extrañó un poco y pregunté a la señora a mi lado si había Misa. Me dijo que no, que era la Novena, pero que podía quedarme si quería. Decidí quedarme y fue una experiencia interesante. Fue la primera vez que fui a una Novena, que es una serie de oraciones a la Virgen.
Después del servicio religioso, seguí hasta Astorga. Estaba cansado y los últimos 40 metros para llegar al albergue son una subida fuerte pero fuerte. En el Albergue quedé en una habitación con dos sevillanos, José y Joaquín, y un catalán, Josep. Todos muy divertidos y muy majos. Dejé mis cosas en la cama, me duché y me cambié la ropa y fui a una iglesia al lado del albergue para la Misa. La iglesia era impresionante y sólo éramos una docena de personas allí, lo que era una experiencia muy íntima.
Salí de la Misa y iba buscando un sitio para cenar. Me topé con los tres chicos con quienes comparto la habitación en el albergue y todos fuimos para cenar juntos. En mis primeros dos días en el Camino, llegué a una conclusión: si te faltan amigos, vete al Camino de Santiago. Sería difícil andar hacia Santiago sin conocer a nadie.
La cidad tiene una población de unos 10.000 habitantes, pero parece un metrópolo en comparación con unos pueblos a lo largo del Camino.